domingo, septiembre 10, 2006

PAISAJES Y SUCUCHOS

LUGAR CULPABLE

Nunca he sido muy amigo de los mall. Son lugares en que no hay ventanas y donde no se sabe si afuera hay sol, si hace frío o está lloviendo. Sin embargo los he necesitado a menudo. Tengo médico, supermercado, cajeros automáticos, pago de cuentas, materiales de trabajo, todo en un mismo lugar.

Y cuentan con los méritos para que sean lugar de preferencia ante cualquier trámite. Generalmente están limpios, no cobran por estacionar, pero por sobretodo, están abiertos cuando uno sale del trabajo. A excepción de los bancos, el resto de las tiendas funcionan.

Como siempre dejo las cosas para última hora, los mall se han transformado en la alternativa salvadora cuando tengo que comprar el regalo para el cumpleaños que se celebra en dos horas más, para comprarme una camisa para el matrimonio de esa misma tarde o para comprar el remedio para el resfrío que me pegué en la mañana.

Me acuerdo que cuando era escolar y me faltaba algún material para terminar la tarea a eso de las siete de la tarde, lo mejor era pensar en inventar alguna gastroenteritis. Hoy día he visto a más de algún estudiante comprando elementos para su maqueta cerca de las 21 horas.

No voy a discutir sobre las estadísticas que indican que es lugar de paseo familiar para el fin de semana, porque los tipos perezosos y faltos de imaginación existirán en toda época. Claramente no es un lugar de esparcimiento. Sin embargo, sí prestan servicios a embarazadas o minusválidos para realizar ciertas actividades, algo que no es posible ver en otros sitios, como en el centro.

Con el tiempo que llevan estos centros comerciales, ya es posible hacer algunas apreciaciones, tal vez no muy matemáticas ni certeras, pero que son producto de mi observación. Y de esa forma me he tomado la libertad de hacer los kultrun mall awards: Y las categorías son:

El más colapsado: Mall Plaza Vespucio
El más caro: Alto Las Condes
El más barato: Plaza Oeste
El más variado: Parque Arauco
El menos fashion: Mall Arauco Maipú (ex – outlet)
El new rich (entiéndase nueva clase media chilena): Plaza Norte
El más aislado: Plaza Tobalaba
Mall de vieja: Alto Las Condes
El más amorfo: Mall del centro.
Finalmente están los que quieren ser malls: Paseo estación, La Dehesa, Apumanque.

La tendencia sigue desarrollándose. Nos estamos llenando de malls. Cabe citar algunos ejemplos: Mall Marina Arauco de Viña del Mar, Mall Leyan de Melipilla, Mall del Centro de Rancagua; Mall Plaza Trébol Concepción, La Serena y Antofagasta, etc.

Cuando converso con los detractores de estos centros comerciales, nunca logro obtener un argumento sustancioso. Pasa lo mismo que en los realities: a nadie le gustan pero todos han visto más de alguno.

Basta citar un ejemplo para hacer la diferencia: si una persona se desmaya en el mall, ligerito aparecen los guardias y se la llevan a la enfermería. Si eso pasa en el centro, llega cualquier pelafustán, empelota al desmayado a vista y paciencia de todos los transeúntes, y más encima a la víctima se la llevan presa por vagancia o ebriedad, si es que no aparece después en el Mapocho.

Pienso que es difícil romper la tendencia: Atienden hasta tarde, otorgan cierta seguridad (a no ser de que uno se tope con un auto corriendo por sus pasillos), poseen baños y otros servicios públicos, se encuentra de todo. Creo que será difícil que el comercio de calle desbanque a los malls. Tendría que ocurrir una considerable cuota de milagros: que se vean más carabineros y se acaben los lanzazos impunes, que la vía pública sea limpia, que el Metro atienda hasta más tarde, que el entorno sea amigable con sus visitantes, etc.

Por ahora más vale habituarse. Como sea, tarde o temprano, uno los necesita, y por lo visto, tendremos malls para rato.

MUNDO MÍSTICO


LOS LAMENTOS DE UN MURO

En una ocasión, conversando con el investigador Juan Guillermo Prado en su estación de trabajo de la biblioteca del antiguo Congreso Nacional, le consulté cuál era el motivo de que las animitas tuvieran forma de casita. El me respondió que en realidad la idea no era hacer casitas, si no templos.

En todas las civilizaciones ha existido el culto a los muertos y a las tragedias, algunos en forma más extrovertida que en otras, y haciendo una observación más acuciosa, la afirmación de Prado no es tan incorrecta.

Hay animitas que no necesariamente son casitas. A veces son muros, árboles, parquecitos o simplemente una figura, como un santito o una cruz.

En Jerusalén, existe un sitio de veneración tan importante como la Mezquita de Al Aqsa o la Iglesia del Santo Sepulcro, y se trata tan sólo de un bloque de piedra llamado el Muro de los Lamentos.

En Santiago, en el sector de Estación Central, en la calle San Borja, existe un sitio que, según Juan Guillermo Prado, es la animita más importante de Chile. Se trata del muro de Romualdo Ibáñez.

Según cuenta la leyenda, a principios del siglo veinte, Ibáñez se estaba recuperando de una rebelde tuberculosis. Muy débil, circulaba por calle San Borja, cuando un grupo de delincuentes, de esos que no merecen ni el perdón de sus madres, se le acercó para hacerlo uno más de sus víctimas.

El desgraciado caminante, sacando fuerza de las reservas de dignidad que le quedaban en el alma, trató de oponer resistencia y defender los pocos pesos que tenía en el bolsillo. Fue este acto el que le abrió las puertas del cielo, el que le santificó…, el que le quitó ese aire sanguinolento de los pulmones.

Se dice que, apoyado en el muro que hoy lo recuerda, fue hallado su cadáver, aquel que albergó un alma resignada a la voluntad de la frágil vida y de la rígida muerte.

Juan Guillermo Prado sostenía en esa conversación que las muertes trágicas, esas repentinas y macabras, son caldo de cultivo para hacer de ellas un acto de veneración. Frente a un suceso funesto, nace la necesidad de los deudos de eternizar la memoria del fallecido.

Y debe ser un sentimiento muy fuerte. Genera tal respeto que, en el caso de Romualdito, se remodeló todo el sector de la Estación Central y el muro quedó intacto. Y a medida que pasa el tiempo se adhieren más plaquitas, se prenden nuevas velas y se suman más oraciones. Porque quizás ese muro realmente escucha nuestros lamentos y tal vez ese joven tísico lo descubrió con sus sollozos y penas de muerte.

LAS PERIPECIAS DE DON HEMISFERIO ALEMPARTE

DE VUELTA A LAS TRANSMISIONES

No entiendo nada. He estado tanto tiempo desconectado que no me había dado cuenta de que ya no se ocupaban las máquinas de escribir. ¡Pero si me acuerdo que se me iba en collera la máquina de escribir eléctrica y que me echaron del diario porque aparecieron esas que tenían una pantallita, en que ni se veía lo que uno digitaba! ¡Era imposible trabajar así!

Bueno, no fue por eso nomás que me echaron. Es que uno está acostumbrado a la antigua. Esa época en que salíamos del trabajo de madrugada y teníamos que ir a donde la señora Flora, que tenía sobrinas tan amorosas. Y como llegábamos muertos de hambre, la dueña de casa nos servía un pipeño y un plato con pichanga. ¡Cómo nos íbamos a negar a ese manjar! El problema fue que se transformó en adicción. Es el mal del ambiente reporteril: mujeres, trasnoche y alcoholismo, la maldición del periodismo.

Lo malo es que todo ese carrete tiene su costo: me vino la diabetes mellitus, principios de cirrosis, arritmia cardiaca. Pero lo peor de todo es cuando me vienen esos ingratos episodios de meteorismo. Puf! Si no respetan nada esos gases. La otra vez, en la micro, los pasajeros quedaron con arcadas. Menos mal que yo me estaba bajando y le echaron la culpa a un escolar que andaba haciendo la cimarra. Los jubilados del INP son otras víctimas de esos macabros fluidos, claro que ahí pasa más inadvertido, porque como ya varios de los viejos andan con pañales, cuando surge algún aroma sospechoso, todos nos miramos las caras.

La última vez fue tanto que tuve que consultar con mi iriólogo de cabecera. Me pidió una muestra de pichí, la revisó y me dijo que tenía que dejar de comerme la cebollita en escabeche que me engullo antes de acostarme. Pero él no entiende que esa costumbre la tengo de cabro chico. Claro, si cuando yo era un muchachito tenía gusanos en el poto y mi abuelita me empezó a dar vinagre, y para hacerlo más pasadero me lo echaba al buche con cebollita.

Y para más remate, si voy a uno de esos médicos de cotona blanca, meten tanto remedio que no hace nada y piden exámenes para esto, muestra de sangre para lo otro, que pida hora al número 800, que tiene que firmar el formulario del AUGE y uno no tiene tiempo para esas cosas. Al final, la señora Nicolasa, que hizo un seminario de agüitas de hierbas en Temuco, me dio unas hojitas de no se qué, que me las tenía que tomar con azuquítar quemada en ayunas. Ojalá que me hagan algún efecto.

De eso estaba conversando por la ventana con doña Estercita cuando se me acercó un muchachón. Me dijo que quería invitarme a escribir para una cuestión rara de no sé qué, algo de un “block de internit”. Yo le expliqué que soy jubilado de la Caja de Empleados Públicos y Periodistas. Pero me insistió tanto que yo ya tenía ganas de ir al baño y le dije que bueno. Y así poh! Voy a hacer algunos aportes, no muy actualizados por supuesto, pero algún tema interesante tendremos. Pero eso ya es asunto para otro artículo.

LA VERDAD DE LA PALABRA

SANTIAGO

En el colegio siempre me enseñaron que nuestra capital se llama Santiago porque un señor español, de barba y a caballo, llegó a un valle de climas mediterráneos y de características similares a una localidad de la madre patria llamada Nueva Extremadura y la bautizó así. Pero nunca se me explicó el origen de Santiago.
Haciendo algunas averiguaciones, pude enterarme de que ni siquiera debería llamarse Santiago, sino San Jacobo. Me explico. El santo patrono de España es el apóstol Santiago. No obstante, entre los discípulos de Jesús hay dos Santiago, el mayor y el menor. El primero murió decapitado por orden de Herodes Agripa y el segundo fue lanzado desde gran altura de un templo judío por validar la existencia de Jesús.
Según antiguos escritos, Santiago el Mayor difundió la palabra divina en algunas regiones de España, específicamente en Galicia y Zaragoza. Como muestra de devoción a estas prédicas, los reinos católicos de la península ibérica adoptaron a Santiago el Mayor como su santo patrono. Pero he ahí el origen del error.
En los tiempos de Jesús, la lengua oficial de la región de Judea era el arameo, y entre los vocablos y fonemas de ese idioma no existe el nombre Santiago. Por lo tanto, los dos apóstoles en cuestión poseían la nominación de Iago o Yago. Con la vasta difusión del latín como consecuencia de la dominación del imperio romano, el nombre se transformó en Jacob (se lee Yacob).
La perduración de un idioma depende fundamentalmente de la capacidad de hacer un registro escrito de él. En el caso del idioma español, en épocas medievales, la habilidad de leer y escribir era privilegio de sólo algunos personajes, generalmente escribanos. Para el resto de la población, el lenguaje era sólo hablado.
Según cuentan ciertas crónicas antiguas de guerra, cada vez que las tropas españolas se aprontaban a la batalla, se encomendaban a Dios y a Saint Jacob. Dentro de la batahola, se escuchaba “Saintyacob”, lo que prontamente se escuchó y masificó como “Santiago”.
Ya como una proyección ociosa, me preguntaba qué habría pasado si Pedro de Valdivia hubiese hablado Inglés o Francés. ¿Seríamos pobladores de Saint James o Saint Jacques? Pero esa duda es la que me queda ahora. La del colegio ya quedó disipada.

MATAHAMBRE

QUERIMOS POSTRE!!!
Dentro de cualquier opíparo menú, siempre mis esperanzas están depositadas en el postre. Puede ser muy esplendida la comida, pero si el postre es malo, no hay caso. Los esfuerzos del cocinero se ven mermados.
Incluso en un almuerzo común y corriente, sea almuerzo, cena, chanchada, panzada u otro, si no hay postre, queda cierta sensación de vacío en mi estómago.
En otras ocasiones, cuando he tenido que ir a esos banquetes pitucos, da lo mismo que me engatusen con esas sinfonías de verduras acompañadas de carne a la firulí regada con salsa tutú. Mientras el postre sea portentoso, lo demás da lo mismo. El problema del postre es que hay que embucharse toda la comida para saber si el postre es bueno o es malo.
En esos locales donde se ofrece el servicio buffet tomo venganza. Pruebo algo de comida, pero dejo un espacio importante para los postres. La idea es probarlos todos. Y no creo que sea una costumbre exclusivamente mía. Lo sostengo porque en los matrimonios, aniversarios u otro tipo de comilona, está de moda el buffet de postres y cada convidado se hace de dos o tres delicias diferentes en su plato y muchos hacen la fila nuevamente.
Frente a estas aseveraciones, podemos establecer que el postre puede ser plato tan principal como el de fondo. Sin embargo, debemos establecer ciertos criterios: es verdad que un plato de porotos con riendas me permite trabajar sin apetito toda una tarde, no siendo así con una macedonia; pero este es un espacio dedicado a lo placentero de probar bocados y no a la utilidad práctica de llenarse la panza.
Hay un postre que a modo general lleva la delantera en su categoría: es casero, llenador, no es tan complejo de hacer, es barato, deja a todos felices y, por sobretodo, me trae recuerdos de infancia y juventud. Y más encima, mi mami me enseñó a hacerlo. Me refiero a la magistral leche asada. He aquí una propuesta:

INGREDIENTES:

Un litro de leche
4 a 6 huevos (si son esos que están trizados, mejor aún)
1 Taza de azúcar
Canela
Cáscaras de naranja.

PREPARACIÓN DEL MENJUNJE:

En un bol se mezcla la leche, los huevos y el azúcar. Se adiciona canela y trozos de cáscara de naranja. Toda esta fórmula se bate hasta hacer una composición homogénea.
Mientras se efectúa el paso anterior, en una fuente para horno, que puede ser metálica, de vidrio, cerámica, etc., se depositan unas cucharadas de azúcar y se someten a fuego de cocina, hasta que se liquidifiquen, formando un jarabe. Luego éste se esparce por todo el azafate, incluyendo las paredes.
Una vez repartido el almíbar, se vierte la mezcla de la leche, huevos y azúcar y se mete al horno a fuego medio. Recuerda que el horno debe calentarse previamente.
Tras unos treinta minutos, se debe revisar el batido. Si ha alcanzado una solidez y tonalidad más oscura, ya está listo. Finalmente, se deja enfriar.
Como recomendación, puedes disolver azúcar a fuego en una olla pequeña y verterla caliente sobre la leche asada, de modo que cuando se enfríe queden líneas duras de caramelo sobre la superficie. Sí quieres caramelo líquido, échale un poco de agua al azúcar derretida.

martes, julio 18, 2006

EDITORIAL: Rito de Iniciación

Durante mucho tiempo, cada vez que finalizábamos nuestra sesión de internet, quedábamos con una sensación de que algo nos faltaba por encontrar. Teníamos música, fotos, artículos interesantes, compras, promociones, correo, copuchas, noticias, etc. No obstante, la frustración que sentíamos por no satisfacer esa búsqueda era cada vez mayor.

Un día aclaramos nuestras ideas y comprendimos que había un concepto extraño que no manejábamos. Ordenamos situaciones y entendimos el mensaje. Cada vez más enceguecidos por los brillos de la tentación, la indiferencia y el egocentrismo, nos alejábamos de algo que se supone es el motivo fundamental de la vida en sociedad: El amor.

No nos referimos a los abrazos, los besitos y las relaciones sexuales, aunque esos detallitos hacen que gocemos mucho la vida. Estamos haciendo alusión al esfuerzo por hacer un poco más, concentrarse en lo que estamos estudiando, esmerarse por mejorar nuestra producción, escuchar cada vez a un número mayor personas, despedirse con un abrazo además del típico beso en la mejilla, mejorar nuestro ser, decir menos garabatos, golpear una puerta más cada día, sentir menos vergüenza, dar a conocer que en cada jornada podemos hacer algo diferente.

Por eso creamos el club del kultrún, ese tamborcito que une el día con la noche, la tierra con el cielo, lo vulnerable de nuestra existencia con la invencibilidad de la naturaleza.
Pero el ingreso no es gratuito. La membresía es muy onerosa y requiere de muchos meritos. En primer lugar, los interesados deben someterse a un riguroso ritual:

  • Hacer un reconocimiento de nuestras debilidades: "Me gusta el ajo y la cebolla", "Tomo copete porque mis amigos dicen que es bacán, pese a que el sabor me provoca 'guacala'", "Soy virgen, pese a que cuento anecdotas excitantes", "Soy un ñoño", "No me gusta ducharme", "Son ricos los chunchules", etc.
  • Comenzar a querernos.
  • Tener buen humor y reirnos de nosotros mismos, porque pucha que están fomes los humoristas.
  • Perder el miedo a hacer el loco, porque está lleno de tipos bacanes.
  • Pero por sobre todo, pensar en pajaritos y ser poco serios, que para enfrentar problemas elegimos a las autoridades.

Hay más requisitos, pero esos los veremos en el camino.

Unete a Kultrun Club y disfruta a concho este espacio. Ojalá les guste y podamos hacerlo durar.

Sean cordialmente bienvenidos.

Gino y Gina

Comite editorial

P R E S E N T A C I Ó N



Este es un lugar en el que encontrarán diversos datos de la vida cotidiana, expresados de una manera sencilla de modo que sea accesible a todos ustedes...viajes, historias, datos, picás, etc, etc.