domingo, septiembre 10, 2006

LAS PERIPECIAS DE DON HEMISFERIO ALEMPARTE

DE VUELTA A LAS TRANSMISIONES

No entiendo nada. He estado tanto tiempo desconectado que no me había dado cuenta de que ya no se ocupaban las máquinas de escribir. ¡Pero si me acuerdo que se me iba en collera la máquina de escribir eléctrica y que me echaron del diario porque aparecieron esas que tenían una pantallita, en que ni se veía lo que uno digitaba! ¡Era imposible trabajar así!

Bueno, no fue por eso nomás que me echaron. Es que uno está acostumbrado a la antigua. Esa época en que salíamos del trabajo de madrugada y teníamos que ir a donde la señora Flora, que tenía sobrinas tan amorosas. Y como llegábamos muertos de hambre, la dueña de casa nos servía un pipeño y un plato con pichanga. ¡Cómo nos íbamos a negar a ese manjar! El problema fue que se transformó en adicción. Es el mal del ambiente reporteril: mujeres, trasnoche y alcoholismo, la maldición del periodismo.

Lo malo es que todo ese carrete tiene su costo: me vino la diabetes mellitus, principios de cirrosis, arritmia cardiaca. Pero lo peor de todo es cuando me vienen esos ingratos episodios de meteorismo. Puf! Si no respetan nada esos gases. La otra vez, en la micro, los pasajeros quedaron con arcadas. Menos mal que yo me estaba bajando y le echaron la culpa a un escolar que andaba haciendo la cimarra. Los jubilados del INP son otras víctimas de esos macabros fluidos, claro que ahí pasa más inadvertido, porque como ya varios de los viejos andan con pañales, cuando surge algún aroma sospechoso, todos nos miramos las caras.

La última vez fue tanto que tuve que consultar con mi iriólogo de cabecera. Me pidió una muestra de pichí, la revisó y me dijo que tenía que dejar de comerme la cebollita en escabeche que me engullo antes de acostarme. Pero él no entiende que esa costumbre la tengo de cabro chico. Claro, si cuando yo era un muchachito tenía gusanos en el poto y mi abuelita me empezó a dar vinagre, y para hacerlo más pasadero me lo echaba al buche con cebollita.

Y para más remate, si voy a uno de esos médicos de cotona blanca, meten tanto remedio que no hace nada y piden exámenes para esto, muestra de sangre para lo otro, que pida hora al número 800, que tiene que firmar el formulario del AUGE y uno no tiene tiempo para esas cosas. Al final, la señora Nicolasa, que hizo un seminario de agüitas de hierbas en Temuco, me dio unas hojitas de no se qué, que me las tenía que tomar con azuquítar quemada en ayunas. Ojalá que me hagan algún efecto.

De eso estaba conversando por la ventana con doña Estercita cuando se me acercó un muchachón. Me dijo que quería invitarme a escribir para una cuestión rara de no sé qué, algo de un “block de internit”. Yo le expliqué que soy jubilado de la Caja de Empleados Públicos y Periodistas. Pero me insistió tanto que yo ya tenía ganas de ir al baño y le dije que bueno. Y así poh! Voy a hacer algunos aportes, no muy actualizados por supuesto, pero algún tema interesante tendremos. Pero eso ya es asunto para otro artículo.