domingo, septiembre 10, 2006

MATAHAMBRE

QUERIMOS POSTRE!!!
Dentro de cualquier opíparo menú, siempre mis esperanzas están depositadas en el postre. Puede ser muy esplendida la comida, pero si el postre es malo, no hay caso. Los esfuerzos del cocinero se ven mermados.
Incluso en un almuerzo común y corriente, sea almuerzo, cena, chanchada, panzada u otro, si no hay postre, queda cierta sensación de vacío en mi estómago.
En otras ocasiones, cuando he tenido que ir a esos banquetes pitucos, da lo mismo que me engatusen con esas sinfonías de verduras acompañadas de carne a la firulí regada con salsa tutú. Mientras el postre sea portentoso, lo demás da lo mismo. El problema del postre es que hay que embucharse toda la comida para saber si el postre es bueno o es malo.
En esos locales donde se ofrece el servicio buffet tomo venganza. Pruebo algo de comida, pero dejo un espacio importante para los postres. La idea es probarlos todos. Y no creo que sea una costumbre exclusivamente mía. Lo sostengo porque en los matrimonios, aniversarios u otro tipo de comilona, está de moda el buffet de postres y cada convidado se hace de dos o tres delicias diferentes en su plato y muchos hacen la fila nuevamente.
Frente a estas aseveraciones, podemos establecer que el postre puede ser plato tan principal como el de fondo. Sin embargo, debemos establecer ciertos criterios: es verdad que un plato de porotos con riendas me permite trabajar sin apetito toda una tarde, no siendo así con una macedonia; pero este es un espacio dedicado a lo placentero de probar bocados y no a la utilidad práctica de llenarse la panza.
Hay un postre que a modo general lleva la delantera en su categoría: es casero, llenador, no es tan complejo de hacer, es barato, deja a todos felices y, por sobretodo, me trae recuerdos de infancia y juventud. Y más encima, mi mami me enseñó a hacerlo. Me refiero a la magistral leche asada. He aquí una propuesta:

INGREDIENTES:

Un litro de leche
4 a 6 huevos (si son esos que están trizados, mejor aún)
1 Taza de azúcar
Canela
Cáscaras de naranja.

PREPARACIÓN DEL MENJUNJE:

En un bol se mezcla la leche, los huevos y el azúcar. Se adiciona canela y trozos de cáscara de naranja. Toda esta fórmula se bate hasta hacer una composición homogénea.
Mientras se efectúa el paso anterior, en una fuente para horno, que puede ser metálica, de vidrio, cerámica, etc., se depositan unas cucharadas de azúcar y se someten a fuego de cocina, hasta que se liquidifiquen, formando un jarabe. Luego éste se esparce por todo el azafate, incluyendo las paredes.
Una vez repartido el almíbar, se vierte la mezcla de la leche, huevos y azúcar y se mete al horno a fuego medio. Recuerda que el horno debe calentarse previamente.
Tras unos treinta minutos, se debe revisar el batido. Si ha alcanzado una solidez y tonalidad más oscura, ya está listo. Finalmente, se deja enfriar.
Como recomendación, puedes disolver azúcar a fuego en una olla pequeña y verterla caliente sobre la leche asada, de modo que cuando se enfríe queden líneas duras de caramelo sobre la superficie. Sí quieres caramelo líquido, échale un poco de agua al azúcar derretida.